Para comprender este hecho, uno debe entender que las enseñanzas del último de los profetas se preservan en su lengua original en sus fuentes primarias. No hay necesidad de otro profeta. En el caso de los profetas anteriores, sus escrituras se perdieron o su mensaje se corrompió a tal punto que la verdad apenas se distinguía de la mentira. La historia completa del “pueblo escogido,” de los hijos de Abrahán “según la carne,” es de un interés vasto y vital, principalmente quizá porque revela las muchas facetas del carácter sublime de Dios: su compasión infinita, su justicia perfecta, su sabiduría ilimitada, su poder inconmensurable y su amor eterno.
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